Las bienaventuranzas como propuesta de vida

Cada una de las 8 bienaventuranzas que conocemos a través de lo consignado en el emblemático Sermón del Monte descrito en los evangelios de San Mateo, corresponde a la verdadera identidad del cristiano y por lo mismo al estilo de vida propuesto por Jesús, algo que aunque a simple vista puede resultar muy simple de alcanzar requiere de esfuerzo, valentía y humildad de corazón para llevarse a cabo en todo momento y lugar.

De esta manera, percibir las bienaventuranzas como propuesta de vida si bien puede ser algo muy difícil para el ser humano es también el medio perfecto para aspirar a la anhelada recompensa de la salvación y la vida eterna.

Cómo vivir las bienaventuranzas

Al ser uno de los discursos de mayor recordación provenientes del mismo Jesucristo, aquella predicación que insiste en vivir las bienaventuranzas es algo que se analiza continuamente por parte de los fieles pues además de equivaler a las características de los hijos e hijas de Dios este conjunto de preceptos resultan ser el camino idóneo para liberarse finalmente de lo terrenal que es lo que da pie a esos pensamientos de codicia y lujuria que tanto daño hacen a la humanidad.

A pesar de que muchos pueden verlas como grandes exigencias ya que tal y como se señala en muchos textos, estas describen el rostro de Cristo, se trata de una propuesta que recalca lo trascendente de la ética cristiana y que no encuentra reparos en algunos sacrificios para caminar de la mano del Señor. La sugerencia es meditarlas una a una y empezar a establecer pequeños actos y maneras de pensar que paulatinamente puedan ir reflejando todo lo que estas expresan, esto por supuesto amparado en la constancia y la responsabilidad de quien no se rinde ante pruebas de alta complejidad.

El esfuerzo humano puesto a prueba

Puesto que cada bienaventuranza asegura una recompensa, estas en ningún momento equivalen a dones gracias a que como ya hemos señalado se alcanzan únicamente a través del empeño personal y si se quiere de acudir a la iluminación del Espíritu Santo.

Evidentemente la perspectiva humana puede hacer que parezcan inalcanzables, pero aquel que realmente le de importancia al reino de Dios sabe bastante bien que todo esfuerzo es válido cuando se toma la decisión de ser feliz a partir de la bondad, la honestidad, la misericordia y aquella plenitud alcanzada gracias a un proceder que sea ejemplo vivo del Padre que tanto ama a sus hijos.

 

 

 

 

 

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